Mis sistemas nervioso y digestivo tiemblan ante tan temeroso y agridulce espacio de tiempo.
Lo que habría de ser un periodo de abstención, reflexión y recogimiento, se convierte en estulticia pagana y desbordada, la cual, me oxida el alma produciéndome auténtico ardor en los parajes de mi fe.
Los brillos, las púrpuras, la intensidad alógena, la ilusión y el sin comprender, logran eclipsar la palabra sagrada.
La voz más intensa, la verdad y el verbo puro se esconden aterrorizados ante la figura del eterno abstracto, mientras tanto, los fríos vientos de la incongruencia congelan la esperanza vital del espíritu.
Los latidos de mi corazón se van espaciando y rindiendo al infinito jardín del sueño, un sueño jamás soñado pero sentido y devorado por mí en el transcurso de mis días pasados.
A. Vedugo 2.008
25/12/08
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